Metales reciclables: ¿dónde los encontramos y cómo se logran?

La mayoría de los metales que empleamos en nuestra vida diaria se pueden fundir y volver a utilizar para crear materiales nuevos. Latas, motores, cables, herramientas… la lista de objetos que se pueden reciclar para reducir la cantidad de chatarra es larga. El hierro, el acero, aluminio, cobre, bronce, latón y plomo son metales reciclables que pueden reutilizarse un número ilimitado de veces sin perder sus propiedades. Todos estos materiales están presentes en nuestra vida diaria. Se emplean en la producción de automóviles, aviones, trenes, maquinaria y herramientas, entre otros, y en el hogar se ocupan en infinidad de utensilios de nuestra cocina. También están en nuestros muebles y como componentes de nuestros celulares, ordenadores y tablets. Sí, están en todos lados, por lo que la cantidad de metales que se desechan es muy grande.

La producción de materias primas a partir de metales reciclados reduce considerablemente las emisiones de CO2 a la atmósfera, el uso de energía y agua en la producción y la contaminación del aire y el agua. Pero además, existe un beneficio comercial en el reciclado de metales: la UE tiene una fuerte dependencia de la importación de metales vírgenes para sostener su demanda creciente de metales, por lo que apostar por el reciclaje supone un valor añadido.

Según la confederación EuRIC, de las industrias del reciclaje en Europa, la producción de materias primas a partir de metales reciclados reduce en un 80% la contaminación del aire, en un 76% la contaminación del agua y en un 40% el uso de agua, y reduce considerablemente las emisiones de CO2 a la atmósfera. Y apunta a que si la UE recompensara la industria del reciclaje de metales en sus políticas, aumentaría su circularidad.

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¿Cuáles son los metales que se pueden reciclar?

Aunque pueden reciclarse un gran número de metales, hay algunos que no entran en esa categoría. Por ejemplo, aquellos contenedores que han servido para almacenar productos tóxicos no podrán reutilizarse. Ese tipo de envases deberá depositarse en un punto limpio. Sin embargo, siempre que estén limpios, materiales como el hierro, el acero o el cobre sí pueden reciclarse.

  • Hierro: es el metal duro más usado. Se encuentra en puertas, herramientas, tornillos, martillos o adornos.
  • Acero: está muy presente en nuestra vida cotidiana, en electrodomésticos o piezas de coche. Elementos como la cubertería, sartenes, herramientas, equipos mecánicos, maquinaria, tuberías o clavos son de este material.
  • Aluminio: es un metal muy utilizado por su versatilidad, que lo hace muy presente en el día a día. Platos, papel de aluminio, latas, contenedores, ventanas o utensilios contienen aluminio.
  • Cobre: es un elemento clave para el mundo eléctrico por su conductibilidad y flexibilidad. Muchos cables, cacerolas, ollas o tuberías están hechos de este metal.
  • Bronce: la aleación de cobre y estaño se utilizó en épocas antiguas como un metal precioso, para hacer joyas y decoración. Actualmente se conservan muchas de esas obras, además de estatuas, que demuestran su durabilidad.
  • Latón: esta mezcla de cobre y zinc tiene un color dorado que hace que uno de sus usos principales sea la bisutería, algo que está presente en todos los hogares.
  • Plomo: el plomo se ha empleado históricamente para muchos fines porque se funde con facilidad. Actualmente se encuentra, sobre todo, en baterías.

Otros como el oro o la plata también pueden reciclarse, y además venderse por tener un valor más alto, pero se requiere más energía para completar el proceso de reciclado.

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El proceso de reciclado de metales

Recolección

Las empresas especializadas recogen los desechos. Por lo general llega a un acuerdo con la empresa dueña de la chatarra sobre el precio a pagar y la frecuencia con la que se realizarán las recogidas.

Separación

Este paso consiste en separar los metales desechados. Aquellos que estén en buen estado se separan de los que presenten un daño serio (como la oxidación) y/o de otro tipo de materiales como plásticos y madera.

Preparación y trituración

Una vez separados, el siguiente paso es compactar los metales para facilitar su manejo. Tras ello comienza el proceso de trituración, con el objetivo de reducir el volumen de los residuos metálicos para ahorrar energía en la fundición.

Fundición

Las laminas o piezas de metal resultantes de la trituración pasan por un horno para ser fundidos. Este es el proceso que marca la diferencia con la fabricación de metales completamente nuevos, ya que el reciclado utiliza mucho menos calor y agua que el proceso de producción de metales desde cero.

Purificación

El siguiente paso es asegurarse de que los metales procesados están libres de impurezas. Para ello se emplean técnicas como electrolisis o mecanismos magnéticos que eliminen posibles restos de metales o materiales indeseados. Finalmente, el metal fundido pasa por un proceso de enfriamiento que lo deja listo para ser reutilizado y reincorporado a distintas cadenas de suministro.

¿Dónde van a parar los metales reciclados?

El valor principal del reciclado de metales, como hemos apuntado al principio, es que la materia prima resultante puede usarse para hacer los mismos artículos en tantos ciclos como haga falta, a diferencia de lo que ocurre con otros materiales, como algunos plásticos. Por eso se considera que forman parte de una cadena de valor prácticamente circular, aunque se pueda mejorar en algunos aspectos.

Según la EuRIC, entre que una lata de bebida se vende en el supermercado, se usa, se recicla y vuelve al supermercado pueden pasar tan sólo 2 meses, por ejemplo.

Los metales reciclados, por lo tanto, podemos encontrarlos en cualquier uso que asociemos a los metales vírgenes, ya que no representan ninguna desventaja a nivel funcional, económica o comercial. Algunos ejemplos de industrias que los usan son:

  • Industria alimentaria: envases, maquinaria, etc.
  • Industria de la construcción: puentes, carreteras, etc.
  • Industria del transporte: automóviles, aviones, ferrocarriles, etc.
  • Industria de artículos para hogar: mobiliario, menaje, electrodomésticos, etc.
  • Industria energética: instalaciones petroquímicas o nucleares, refinerías, molinos de viento, placas solares, etc.